Cerebro ejecutivo y el cerebro emocional ¿Por qué fracasan algunos directivos?

Cerebro ejecutivo y el cerebro emocional ¿Por qué fracasan algunos directivos?

Al rememorar mi propia experiencia como consultor en organizaciones de todo tipo y tamaño, podría poner varios nombres para referirme a hombres y mujeres con un cociente intelectual por encima de la media que, tarde o temprano, fueron removidos de sus puestos.

¿Qué es lo que ocurrió? ¿Qué es lo que no funcionó?

Después de todo, se trataba de personas con una memoria extraordinaria, veloces para analizar la información, muy capaces para manejar varios temas al mismo tiempo… en definitiva, hombres y mujeres con una gran agilidad mental pero que tal vez carecían de neuroliderazgo.

¿Por qué fracasaron?

Los trabajos del gran neurólogo contemporáneo, Antonio Damasio (autor del famoso libro “El error de Descartes”) pueden ayudarnos, en parte, a hallar la respuesta. Justamente, una de sus investigaciones más conocidas tiene que ver con un empresario que fue su paciente a raíz de un tumor cerebral que afectó la región ventromedial de su lóbulo frontal.

Luego de ser intervenido quirúrgicamente, se reintegró a su trabajo y, en el corto plazo, evidenció problemas para tomar decisiones acertadas. ¿Qué estaba pasando con este paciente?

Al estudiar detenidamente el caso, a Damasio le llamó la atención su insensibilidad: no se inmutaba cuando le presentaban imágenes horrorosas ni se conmovía ante situaciones extremas.

Tomando este caso y otros similares, llegó a la conclusión de que las decisiones que toman las personas en ausencia de emociones pueden ser «desastrosas» aún cuando se destaquen por sus habilidades cognitivas y para eso está el neuroliderazgo.

Esto lo llevó a argumentar lo siguiente :

“El cerebro emocional se halla implicado en el razonamiento tanto como lo está el cerebro pensante”

“Es un hecho comprobado científicamente que la capacidad de sentir aumenta la eficacia del razonamiento, mientras que su ausencia la reduce”.

Retomando lo que dije al principio, la neurociencia echa por tierra la idea, aún vigente, de que las emociones deben dejarse en la puerta, antes de entrar a la oficina y, más aún, evidencia que el papel de las emociones en la toma de decisiones exitosas es crucial.

El famoso caso presentado por Damasio y otros similares analizados con posterioridad prueban que, para que un individuo sea efectivo en el rol de liderazgo y gerenciamiento de organizaciones, además de experiencia, conocimientos, inteligencia, creatividad y habilidades para generar contactos y relaciones, debe tener capacidad de sentir.

Por lo tanto, la incorporación de hombres y mujeres que sorprenden por su capacidad de razonamiento abstracto, de lenguaje (y otras funciones consideradas parte del intelecto básico) debe incluir un análisis exhaustivo de su cerebro emocional.

¿Cómo hacerlo? ¿Puede ayudar el neuroliderazgo a instrumentar métodos que permitan bucear en esas profundidades?

La respuesta es: sí. Hoy es posible analizar el perfil neurocognitivoemocional de un candidato y evaluar sus fortalezas y debilidades con técnicas de neuroselección. En el caso de las personas que ya forman parte de la organización y evidencian algunos problemas, se implementan programas entrenamiento para desarrollar las habilidades que se definen como necesarias. Para comprender los fundamentos y el alcance de esta disciplina comenzaremos, entonces, por analizar en qué consiste.

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La neurociencia (en sus diferentes ramas) se ha convertido en una de las disciplinas más dinámicas en cuanto a su desarrollo porque todos queremos saber cómo funciona el cerebro para entrenarlo y así tener una mente más ágil y más eficiente.

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