Las personas que forman parte de la población económicamente activa o se integrarán a ésta en un período de aproximadamente diez años (según mis cálculos) se encuentran ante un desafío que, si bien se avizora desde hace tiempo, ha adquirido un ritmo inusual.

Por ejemplo, en un exhaustivo trabajo publicado en 2013 por la prestigiosa Universidad de Oxford, se calcula que una cantidad importante de los empleos actuales cambiarán sustancialmente y que otros desaparecerán.

En los Estados Unidos, se estima que un 47% de los trabajos actuales pueden ser computarizados en las próximas dos décadas (o menos). En otros, este porcentaje puede ser menor, particularmente en los menos desarrollados, pero ello no significa que debamos restarle importancia.

De hecho, con el crecimiento exponencial de la robótica ya han sido sustituidos muchos puestos de trabajo.

Es suficiente con observar lo que pasa en las empresas o estar atentos a los avances tecnológicos para concluir en que una gran cantidad de tareas que antes realizaba la gente han sido sustituidas por algoritmos, es decir (y según su definición), “por un conjunto finito de operaciones sucesivas que permiten hacer un cálculo y encontrar la solución de un problema determinado”.

Por ejemplo, entre lo más «viejo» de la industria textil hallamos que una máquina manejada por un especialista reemplaza a una gran cantidad de personas en la fábrica. Entre lo más «nuevo» se encuentran los algoritmos genéticos, que permiten agilizar los lotes de pedidos y organizar la entrega de los productos en forma mucho más rápida y eficaz.

En el ámbito de la salud, las máquinas tienen capacidad de realizar diagnósticos y análisis clínicos a partir de muestras de laboratorio, reemplazando al ser humano en una gran cantidad de tareas que son de dominio cognitivo.

Afortunadamente, la robótica se enfrenta a un reto que difícilmente pueda sortear, y ello tiene que ver con las habilidades de percepción, intuición y creatividad que (en mi opinión) es muy difícil que puedan ser sustituidas por algoritmos, aun cuando ya hay máquinas que realizan composiciones musicales, incluso dibujos y obras de arte que se exhiben en forma paralela a las realizadas por hombres y mujeres.

¿Cómo ganarle a la tecnología?

La pregunta focaliza en el tipo de habilidades que serán requeridas en un futuro que ya se encuentra entre nosotros. Afortunadamente, contamos con un as en la manga: la inteligencia artificial no puede sustituir por completo al ser humano porque carece de habilidades que son inherentes a éste y, en mi opinión, intransferibles a las máquinas, a saber:

 

  • Comprensión del lenguaje emocional.
  • Intuición.
  • Imaginación.
  • Sensibilidad.
  • Creatividad.
  • Empatía.
  • Habilidades de captación metaconsciente.
  • Inteligencia emocional.

 

En definitiva, como las máquinas carecen de la percepción y la sensibilidad humana, las habilidades futuras dependerán más de la inteligencia creativa y del coeficiente emocional que del intelectual.

Muchas organizaciones así lo han entendido desde hace tiempo. Por ello, en algunos países avanzados, particularmente, en Europa y los Estados Unidos, incluso en nuestro Instituto Braidot de Formación, día a día se suman empresas que, a la hora de capacitar a su gente, focalizan en las habilidades emocionales más que en las intelectuales.