A medida que avanzan las neurociencias, mejoran las herramientas que se van diseñando para que aprendamos a liderar nuestras emociones, alcanzando de ese modo un mayor desempeño cerebral y una mejor calidad de vida.

Por ejemplo, los estudios realizados con escáneres cerebrales en personas que practican técnicas milenarias, como la meditación, han convalidado su enorme eficacia, no solamente disminuir el estrés y vivir en armonía, sino también para modelar el cerebro.

En la actualidad se utilizan ejercicios mentales, cuya práctica se remonta a aproximadamente 1.500 años A.C. (caso de la meditación), con otros que se van desarrollando a medida que avanzan las neurociencias.

Precisamente, el auge de los gimnasios cerebrales en las ciudades más importantes del mundo refleja el interés de una gran cantidad de personas en mejorar su rendimiento neurocognitivo y emocional.

Ahora bien, tal auge no existiría si no tuviera como contrapartida beneficios observables y, de hecho, éstos son evidentes.

Asimismo, y complementariamente, las publicaciones sobre la efectividad de los gimnasios cerebrales están al alcance de todos, ya que se pueden hallar en revistas especializadas en neurociencias, libros y trabajos científicos.

La necesidad de este tipo de entrenamiento

Entrenamiento del cerebroEs suficiente con observar a nuestro alrededor: pareja, amigos, compañeros de trabajo, incluso a nosotros mismos, para ver con claridad que hay personas más proclives que otras a desestabilizarse emocionalmente.

Algunas lo hacen ante problemas muy importantes, como los actuales “terremotos” que provoca una crisis económica que no termina de resolverse.

Otras suelen estar a los gritos por temas cotidianos que, si bien debemos reconocer que son irritantes, como un embotellamiento de tránsito que nos impide llegar a tiempo a un lugar o un ordenador que se cuelga varias veces “justo” el día que debemos entregar un informe, lo cierto es que no tienen potencial para provocar daños importantes en nuestra vida.

Lo relevante es que cualquier hecho que nos desequilibre emocionalmente actúa en un doble sentido.

Por un lado, afecta las funciones ejecutivas del cerebro, lo cual seguramente nos hará menos productivos en las actividades que desempeñemos (desde las que forman parte de nuestro trabajo hasta conducir el coche). Por el otro, puede dañarnos físicamente comprometiendo nuestra salud.  

Con independencia de si el problema es o no “para tanto”, un estado de miedo, furia, odio, desesperación, pone en funcionamiento algunas estructuras del tronco encefálico que conforman el cerebro reptiliano (llevándonos a actuar en forma “primitiva”), como así también la amígdala y el hipotálamo, que son núcleos centrales del cerebro límbico, responsables del procesamiento emocional de los estímulos.

Cuando no existe autoliderazgo emocional, nuestra parte “pensante” queda directamente bloqueada.

Recuerde:

Las personas proclives al mal humor y las que se desestabilizan ante una situación que provoque pequeños cambios no pueden pensar con claridad y es común que tarden mucho o se arrepientan luego de haber tomado una decisión.

Autoliderar las emociones ayuda a decidir mejor y más rápido. También mejora la calidad de vida.

Además de traernos problemas intelectuales, laborales y sociales, y de impedirnos tomar decisiones con claridad, la ausencia de liderazgo emocional también puede afectar nuestra salud.

Algunas personas comienzan con problemas que son controlables, como la gastritis o la caída del cabello (observe el lector que la publicidad sobre antiácidos estomacales o productos para controlar la alopecía aumentó en los últimos años), mientras que otras pueden enfermarse seriamente, desde engordar sin freno hasta perder la vida.

Esto último puede parecer exagerado, sin embargo, la caída de las bolsas de valores (tanto en 2011 como en crisis anteriores) ha provocado paros cardíacos en algunas personas y hay hinchas de fútbol que han muerto porque su organismo no resistió la angustia desmedida a la que fue sometido durante un partido.

Afortunadamente, estos casos son excepcionales, sin embargo, los reportes sobre el incremento de consultas médicas por estrés desde que comenzó la crisis económica mundial constituyen una señal de alarma a la que debemos prestarle la debida atención.

En cualquier caso, sea real o potencial el devenir de los acontecimientos, lo cierto es que “cuando nos tomamos las cosas a pecho” una situación de amenaza percibida dispara una serie de respuestas fisiológicas que, seamos conscientes o no, impactarán sobre nuestro desempeño.

Asimismo, y lo que puede ser más grave, provoca un deterioro de nuestras relaciones, tanto en las del entorno más cercano (pareja, amigos, hijos) como con nuestros compañeros de trabajo y demás personas con las que interactuemos cotidianamente.

En síntesis, y esto es muy importante:

Todas las herramientas diseñadas en los gimnasios cerebrales funcionan en forma acorde a la modalidad de trabajo del cerebro.

El objetivo de las prácticas es activar-reforzar determinados neurocircuitos y, paralelamente, inhibir otros que son considerados nocivos, como los de la ira y el odio.

Ninguna práctica apunta a reprimir emociones, todo lo contrario:

Las primeras encontrarán en los gimnasios cerebrales un conjunto de técnicas que les serán muy útiles para superarse.Es sabido que algunas personas tienen una gran facilidad para pensar en forma positiva: normalmente se levantan con una sonrisa, disfrutan del hecho de estar vivas, de tocar, mirar, sentir, hacer, y que otras comienzan el día abrumadas por la angustia o el mal humor, y tienen grandes dificultades para reírse y ver los aspectos positivos.

Las segundas deben comenzar ya su entrenamiento teniendo presente que autoliderar las emociones no significa reprimirlas, significa incorporar técnicas para automonitorearlas en pos de una mejor calidad de vida y, a su vez, de un mayor desarrollo de sus capacidades cerebrales.

Lectura recomendada: El cerebro ejecutivo