La memoria visual es la capacidad para retener información captada por el sentido de la vista (como imágenes, letras, colores, formas) durante un periodo de tiempo breve. Por ello, forma parte de la memoria de corto plazo.

De esto se desprende que es un sistema que depende de la memoria operativa o de trabajo, y que lo que visualizamos puede pasar a la formar parte de la memoria declarativa o, simplemente, ser olvidado.  Esto último depende también de la relevancia del estímulo.

Silueta del toro de OsbornePor ejemplo, la ubicación exacta de la silueta de un toro de Osborne al lado de una carretera puede ser olvidada por un turista.

En cambio, puede ser recordada con facilidad por aquellos que necesiten utilizar el lugar como punto de referencia.

En la vida cotidiana, el buen desempeño de la memoria visual es imprescindible. De ella depende la retención de las señales, las caras, los objetos, los mapas, los lugares. Cuando este sistema no funciona en óptima, se reduce la cantidad de elementos que una persona pueda retener.

Por ello, evaluar su funcionamiento y entrenarla es fundamental para el desempeño en varios ámbitos de la vida teniendo en cuenta que en algunas profesiones es un recurso imprescindible. Es suficiente con ver cualquier policial para comprender la importancia de este sistema en una investigación.

Anatómicamente, las principales estructuras involucradas en la memoria visual son los lóbulos occipitales (colores y formas) y la corteza visual. Decimos “principales” porque aún hay varias preguntas por responder y las investigaciones se multiplican cotidianamente.

Percepción visual y memoria visual

La percepción visual permite el paso de estímulos visuales. De la memoria visual depende la permanencia de aquellos que formarán parte de la memoria de largo plazo, es decir, de las representaciones que el cerebro de cada ser humano tenga sobre el mundo que lo rodea. Algunas imágenes pasan tan fugazmente o son tan irrelevantes que no tienen ninguna posibilidad de anclarse en la memoria de largo plazo, mientras que otras permanecerán para siempre. La representación mental estará dada por el conjunto de significados que le otorgamos.

Por ejemplo, la fotografía de un roble evoca la belleza de un árbol y puede pasar de largo sin más. En cambio, una imagen de la torres gemelas puede provocar una catarata de eventos relacionados, como los aviones que se estrellaron en ellas, el enorme sufrimiento de los familiares y los conflictos geopolíticos que se desencadenaron luego de este tremendo acontecimiento.

La memoria visual impacta en la emocional y en la denominada o flashbulb memory, que refiere a los recuerdos que son especialmente fuertes y nítidos debido a que se crearon durante acontecimientos inesperados y con una carga emocional muy significativa.

Cuando lo que percibimos visualmente no tiene ningún tipo de impacto, por ejemplo, cuando leemos y retenemos varios números, la memoria de corto plazo visual es muy limitada: la mayoría de los estudios coinciden en que una pequeñísima cantidad de información se almacena después de ver brevemente una imagen con cierta densidad de información (un paisaje, por ejemplo).

En este sentido, Álvarez y Cavanagh sugieren que la memoria visual no está limitada por la cantidad de objetos que percibimos, sino por la carga de información que contienen. No es lo mismo retener y replicar la forma de una botella que la de una catedral, por ejemplo.

Memoria visual¿Por qué tenemos buena o mala memoria visual?

No hay una, sino varias razones por las cuales tenemos más o menos memoria visual, y lo mismo ocurre con las subcategorías dentro de ésta.

Por ejemplo, algunas personas pueden decirte de qué modelo es cada coche que ven pasar por una avenida, pero son incapaces de recordar los rostros.

En términos generales, un factor que conspira contra el desempeño de la memoria visual es el uso permanente de dispositivos, como teléfonos y tabletas.

Por ejemplo, si tú ingresas en un sitio donde vendan electrodomésticos, verás que muchas personas utilizan su móvil para tomar fotografías del producto que buscan, en vez de hacer el esfuerzo mental para recordar modelo y precio, y lo mismo ocurre con los mapas. Desde que se inventó el GPS, pocos hacemos el esfuerzo de memorizar espacialmente un lugar y el recorrido que debemos hacer antes de salir.

La memoria visual está condicionada por las zonas de confort de las que nos cuesta tanto salir debido a las facilidades que proporcionan las nuevas tecnologías.

Asimismo, y esto también es muy importante, durante la educación formal no somos no somos entrenados para desarrollar este sistema. Excepto en el caso de quienes estudian dibujo, diseño gráfico o disciplinas afines, los niños aprenden más conceptos que representaciones.

Es decir, que desarrollan aptitudes para razonar, retener y relacionar, pero no entrenan las aptitudes para traducir y/o describir lo que han captado a través del sentido de la vista.

Si bien los medios audiovisuales facilitan la retención porque activan muchas áreas cerebrales, no es común que los niños deban memorizar rostros y replicar figuras. Asimismo, y si bien es sabido que cuando leemos el cerebro corrige y completa los textos, prácticamente en ningún país se incluye la captación metaconsciente como técnica para mejorar la velocidad de lectura y la retención de la información visual.

Otra razón por la cual algunas personas tienen poca memoria visual se debe a fallas en los mecanismos de atención que pueden ser voluntarias o involuntarias. En ambos casos, el problema se resuelve con un entrenamiento adecuado.

Por ejemplo: teniendo presente que existe una relación lineal entre la carga informativa de un objeto y su memorización, es muy importante comenzar dibujando objetos aumentando el grado de complejidad, y mantener la voluntad necesaria para repetir las prácticas en forma cotidiana.

Esto no implica una importante inversión de tiempo, es cuestión de concientizarse. En lo personal, una de las formas en que entreno este sistema es focalizando la atención en algún aspecto cuando viajo en el metro, como un cartel en el vagón, el instrumento de algún músico o la vestimenta de un pasajero. La réplica no tiene que ser exacta porque nadie nació siendo un experto dibujante.

Lo importante es que si dibujas una persona que has visto, no olvides ningún detalle: qué ropa llevaba puesta, qué zapatos, de qué color, si llevaba una bolsa o un maletín, etc. Si este tipo de prácticas se convierten en parte del quehacer cotidiano, son geniales no sólo porque nos permiten utilizar tiempo ocioso (como el de las esperas) sino también porque sus resultados se ven en el corto plazo.