La neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro para formar nuevas redes (o modificar las existentes) a cada instante, como resultado de la interacción de un individuo con el entorno.

Puede definirse como renovación del cableado neuronal a medida que los nuevos conocimientos y la experiencia son procesados a lo largo de la vida.

Por ejemplo, si en la Universidad de la Marina Mercante un conferencista utiliza material audiovisual para informar sobre la piratería en el Cuerno de África, el cerebro de los estudiantes procesará la información sobre el peligro de navegar en esas aguas a través de los sentidos de la vista y el oído, creando una nueva red neuronal.

Si, luego del encuentro, algunos deciden continuar informándose, los estímulos que reciban a través de la lectura, videos, documentales, libros, incluso películas (como la maravillosa Captain Phillips) harán que se mantenga abierto el circuito que han creado.

Si, con el correr del tiempo, estos estudiantes se convierten en marinos dispuestos a navegar por esas aguas, o bien, en militares decididos a luchar contra los piratas en la zona, estos circuitos generarán cambios físicos estables en la estructura de su cerebro.

Si cien años después, es decir, post mortem, un patólogo abre el cerebro de estos marinos y los compara  con los de un músico, un pintor o un arquitecto, verá con claridad que el desarrollo de ciertas zonas es diferente, y aquí está el punto: la neuroplasticidad permite a cada individuo convertirse en escultor de su propio cerebro, según aquello en lo que focalice su atención y su entrenamiento.

De hecho, en el momento del nacer, contamos con aproximadamente el 25% de lo que será nuestro cerebro una vez adultos. En la figura siguiente puedes observar que las redes neuronales son escasas y pequeñas. Con el correr del tiempo, algunas se irán ampliando, otras permanecerán estáticas, otras se irán creando y otras se irán podando.

Si bien (en el caso de las personas sanas) todos los cerebros desempeñan idénticas funciones, día a día las investigaciones con neuroimágenes revelan variaciones significativas. Otro ejemplo: si pusiéramos en un resonador el cerebro de dos mujeres que han alcanzado altos puestos de liderazgo, una de ellas en la industria tecnológica vinculada a la computación y la otra a la actividad política, veríamos que son morfológicamente distintos.

En realidad, varias investigaciones concluyen en que existe una predisposición genética para determinadas actividades, una de ellas es la música; sin embargo, lo que cambia la morfología cerebral es el entorno, el tipo de aprendizaje, el entrenamiento y la práctica cotidiana de una actividad.

Por ejemplo, una persona puede venir al mundo con genes como los de Chopin, pero si no se dedica como lo hizo él, estudiando y practicando muchísimas horas por día, no habrá ningún cambio significativo en su anatomía cerebral.

En síntesis, la neuroplasticidad es un fenómeno relacionado con la naturaleza, que es la que proporciona el cerebro con el que venimos al mundo, el medio ambiente, del que dependen la nutrición y los afectos, y los intereses, inquietudes, hábitos y estilo de vida de las personas.

Todo cerebro tiene capacidad para generar nuevas neuronas y nuevas conexiones durante toda la vida.

Hacia la generación de neuroplasticidad autodirigida

A lo largo de la vida, la optimización de las habilidades requeridas para lo que cada ser humano desea ser depende (en gran parte) de la voluntad para incorporar, estudiar, analizar, profundizar y aplicar lo aprendido.

No hablamos aquí del concepto clásico de aprendizaje; es decir, del que adquirimos luego de años y años de educación formal, sino de un nuevo paradigma que parte de las siguientes premisas

  • Aprender no es incorporar información.
  • Aprender es convertir la información en conocimiento nuevo, útil para nuestra vida y para el crecimiento profesional.

Afortunadamente, el cerebro humano es extraordinariamente plástico y moldeable; de hecho, su morfología cambia en forma significativa a lo largo de la vida.

Estos cambios que crean, fortalecen, eliminan o debilitan redes neuronales, son resultado del aprendizaje. Por lo tanto, la neuroplasticidad autodirigida constituye una promesa hacia el futuro: a medida que se desarrollan las nuevas técnicas basadas en el funcionamiento cerebral, es posible guiar a las personas en el desarrollo de su propio cableado neuronal.