SARA es la sigla que se utiliza en neurociencias para nombrar una estructura formada por una extensa red de neuronas que se proyectan desde la zona central del tronco cerebral hasta los hemisferios izquierdo y derecho: el sistema reticular activador ascendente.

Esta proyección atraviesa varias estructuras, entre ellas la médula espinal, el tálamo y el hipotálamo, y tiene extensiones hacia el cerebelo (o pequeño cerebro).

El SARA se ocupa de los ciclos de sueño y vigilia (entre otras funciones muy importantes) y toda la información procedente de los sentidos llega primero a este sistema.

Si bien su anatomía continúa siendo algo difusa (todavía no se sabe todo sobre el SARA), no hay dudas sobre su participación en la atención y los estados de alerta asociados a esta.

Por ejemplo, si te encuentras durmiendo profundamente y tu gato comienza a tocarte o camina sobre tu cabeza porque quiere jugar, estos estímulos llegarán rápidamente a tu tálamo que, a su vez, activará el SARA y éste a algunas zonas ubicadas en los hemisferios cerebrales “despertando” a tu corteza o, lo que es lo mismo, despertándote a ti.

Cuando existe una lesión en este sistema se altera la conciencia llegando, en casos extremos, al coma o estado vegetativo.

Por ejemplo, cuando un electroencefalograma muestra una imagen plana (cero voltios) indica que existe una parálisis del SARA, por lo tanto, muerte cerebral.

S.A.R.A, percepción y consciencia

El estado de conciencia es un tema que ha suscitado y sigue suscitando grandes debates en neurociencias. Aquí lo abordaremos en función de dos de sus componentes:

  • El nivel de alerta o estado de conciencia. Es aquel en el que el ser humano tiene consciencia del entorno y de sí mismo. Desde el punto de vista neurofisiológico, la consciencia depende de la actividad recíproca entre el SARA y la corteza cerebral. Los estados donde no hay conciencia son el coma y el sueño muy profundo. Cualquier trastorno del SARA o de la corteza cerebral puede alterar el estado de la consciencia.
  • La autoconsciencia. Involucra la capacidad del ser humano para prestarle atención al entorno y a sí mismo, convirtiéndose en un observador reflexivo sobre sus pensamientos, sentimientos, deseos, metas, objetivos, conductas, etcétera.

De esto se desprende que los estímulos sensoriales lleguen al cerebro deben ser lo suficientemente potentes como para activar la conciencia y/o la atención a través del S.A.RA.

Por ejemplo, si duermes profundamente y tu gato salta reiteradamente sobre tu cabeza y te tira el cabello, primero te despertarás (activando tu consciencia). Luego, le prestarás atención y decidirás qué hacer con él.

Si te encuentras trabajando (o sea, en estado de vigilia) y repentinamente el animal salta sobre tu escritorio y se recuesta sobre tu muñeca impidiéndote teclear, se activará  el SARA y… nuevamente, tú decidirás qué hacer con él.

Para que un estímulo sea “percibido conscientemente” es necesario que active el S.A.R.A y, desde allí, varias áreas de la corteza cerebral.

Los números del S.A.R.A

Si bien, como dije al principio, aún no se sabe todo sobre el SARA; lo cierto es que los nuevos equipos que se utilizan para investigar las funciones cerebrales han permitido un avance importante en el conocimiento de este sistema.

Por ejemplo, ha sido observado que (en promedio y en comparación con las demás) las neuronas del SARA son de mayor tamaño y tienen una carga eléctrica superior.

Algunos especialistas estiman que dicha carga asciende a 150 o 160 microvolts (en promedio) y que sus disparos (los impulsos eléctricos denominados potenciales de acción) pueden producirse entre 40 y 70 veces en un minuto, por ello suele decirse que el SARA es la usina del SNC (sistema nervioso central).

Se calcula que en estado de vigilia el cerebro recibe aproximadamente 2 millones de estímulos ¡por segundo!, con lo cual la formación reticular está permanentemente activa dado que actúa como un filtro que selecciona la información que considera de relevancia y descarta el resto.

En cuanto a las funciones, además de las relacionadas con los mecanismos de regulación de los ciclos de sueño-vigilia y los estados de consciencia, el SARA tiene influencia en varias actividades corporales, entre ellas.

  • El ritmo cicardiano.
  • La aparición y desaparición del sueño.
  • La regulación del tono muscular.
  • La regulación de reflejos defensivos como estornudar, toser.
  • El control motor somático y el control cardiovascular.
  • La modulación del dolor
  • La habituación

El SARA y la habituación

Gran parte de las investigaciones sobre el S.A.R.A explican el componente ascendente de la reacción de despertar, entendiendo por despertar la activación tálamo-cortical relacionada con el estado de vigilia.

En este sentido, el “despertar” cognitivo tiene que ver, como ya anticipamos, con la intensidad y novedad de los estímulos.

Cuando se produce el fenómeno cerebral de habituación, el SARA comienza a desconectarse, por ello los avances que explican su funcionamiento son tan importantes en varios campos de la actividad humana.

Si un profesor dicta una clase en forma monótona, con repeticiones sucesivas, los estímulos que recibirán los cerebros de sus alumnos serán cada vez más débiles, provocando una desconexión parcial o total  del SARA.

Ello explica por qué el estudio de este sistema es tan importante en el diseño de las técnicas que se utilizan en neurocapacitación y en cualquier otra actividad humana en la cual es crucial que los interlocutores “nos presten atención”.

Por ejemplo, e neurocomunicación, existen muchísimas estrategias para activar el S.A.R.A. Las más efectivas son las que incluyen imágenes visuales impactantes, sorpresas, novedades.

En la comunicación interpersonal, además de los contenidos, es muy efectivo generar cambios en la voz, variando el volumen y el ritmo, y alternar con imágenes visuales ricas en colores y formas.