El problema de la procrastinación

 

El problema de la procrastinación

 

Los seres humanos tenemos un sistema que actúa como motor desde el momento en que despertamos. Ese sistema activa neurocircuitos que tienen que ver con pensamientos, planes y acciones. 

Se trata de impulsos que inician y guían el comportamiento tanto en cuestiones sencillas (como ducharnos y vestirnos para ir al trabajo o una fiesta) como muy importantes o, si se quiere, trascendentales: estudiar, graduarnos, trabajar por ser cada día más y mejores personas.

En la actualidad, y gracias al avance de la tecnología de diagnóstico, las neurociencias han identificado varios circuitos neuronales cuya actividad está siendo estudiada para explicarla.

Por ejemplo, en el inicio de todo proceso de motivación, esto es, cuando registramos el impulso que nos lleva a concebir un plan, existe lo que se conoce como intencionalidad previa a cada acción, y ello se refleja en el cerebro.

También se refleja lo que ocurre cuando esa intencionalidad se “congela”, esto es, cuando luego de crear una especie de agenda mental con lujo de detalles sobre lo que vamos a hacer, resulta que no lo hacemos. Si este fenómeno se convierte en un patrón de conducta, estamos ante un problema que debe ser resuelto y se conoce como procrastinación (del inglés procrastination).

Te presentaré ejemplos típicos de procrastinación:

  • Gerentes que “cajonean proyectos”.
  • Personal que deja pasar las fechas para inscribirse en programas de capacitación.
  • Ejecutivos que reprograman constantemente sus reuniones.

La responsabilidad de acabar con este flagelo recae sin duda en los líderes, que deberán contar con la capacidad para generar un ambiente laboral dinámico, integrado por personas con ganas de hacer.

En otros términos, con líderes capaces de activar el sistema de recompensas del cerebro de su gente, de hecho, varias investigaciones coinciden en que las personas tienden a adaptar su conducta con relación a una expectativa de recompensa, y que la magnitud de esta recompensa es lo que determinará finalmente su grado de motivación.

Los seres humanos tenemos un sistema que actúa como motor desde el momento en que despertamos. Ese sistema activa neurocircuitos que tienen que ver con pensamientos, planes y acciones. 

Se trata de impulsos que inician y guían el comportamiento tanto en cuestiones sencillas (como ducharnos y vestirnos para ir al trabajo o una fiesta) como muy importantes o, si se quiere, trascendentales: estudiar, graduarnos, trabajar por ser cada día más y mejores personas.

En la actualidad, y gracias al avance de la tecnología de diagnóstico, las neurociencias han identificado varios circuitos neuronales cuya actividad está siendo estudiada para explicarla.

Por ejemplo, en el inicio de todo proceso de motivación, esto es, cuando registramos el impulso que nos lleva a concebir un plan, existe lo que se conoce como intencionalidad previa a cada acción, y ello se refleja en el cerebro.

También se refleja lo que ocurre cuando esa intencionalidad se “congela”, esto es, cuando luego de crear una especie de agenda mental con lujo de detalles sobre lo que vamos a hacer, resulta que no lo hacemos. Si este fenómeno se convierte en un patrón de conducta, estamos ante un problema que debe ser resuelto y se conoce como procrastinación (del inglés procrastination).

Te presentaré ejemplos típicos de procrastinación:

  • Gerentes que “cajonean proyectos”.
  • Personal que deja pasar las fechas para inscribirse en programas de capacitación.
  • Ejecutivos que reprograman constantemente sus reuniones.

La responsabilidad de acabar con este flagelo recae sin duda en los líderes, que deberán contar con la capacidad para generar un ambiente laboral dinámico, integrado por personas con ganas de hacer.

En otros términos, con líderes capaces de activar el sistema de recompensas del cerebro de su gente, de hecho, varias investigaciones coinciden en que las personas tienden a adaptar su conducta con relación a una expectativa de recompensa, y que la magnitud de esta recompensa es lo que determinará finalmente su grado de motivación.

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