
El cerebro por dentro es apasionante: ¿Qué tenemos debajo del cráneo?

El cerebro por dentro es apasionante: ¿Qué tenemos debajo del cráneo?
Una de las creaciones más maravillosas del universo: el cerebro, no es precisamente algo bonito cuando podemos observarlo en vivo y en directo, es una masa gelatinosa rodeada por un líquido denominado cefalorraquídeo cuya función principal es sostenerlo y protegerlo y cuando se le extrae, se observa un tejido de color gris rosáceo.
Este tejido está compuesto por millones de células nerviosas que se conectan formando las redes que controlan todas las funciones de la mente.
Si tuvieras oportunidad de estar presente en una clase de anatomía cerebral, verías claramente que el cerebro está dividido en dos partes, que se denominan hemisferio izquierdo y hemisferio derecho, unidas por una estructura que se conoce como cuerpo calloso.
El cuerpo calloso actúa como un puente de comunicación entre ambos hemisferios: es imprescindible para que la información del hemisferio izquierdo pueda ser utilizada por el derecho, y viceversa. La superficie de ambos hemisferios está cubierta por la corteza cerebral, que es una pequeña capa que promedia los 2,6 mm de espesor.
Se compara dicho espesor con el de un pañuelo de hilo o la cáscara fina de una fruta, como una manzana, una pera o una papaya. Todos estos estudios permiten el desarrollo de la neurociencia que, a su vez, no dejan acceder a cómo funciona el cerebro humano vivo para ampliar las gamas de estudios del Neuromarketing y el Neuroliderazgo.
A pesar de su reducido tamaño, solamente en esta parte del cerebro se calcula que hay aproximadamente treinta mil millones de neuronas que constituyen una red que tiene aproximadamente un trillón de enlaces.
En lo funcional, la corteza incluye áreas motrices, somestésicas (sensibilidad corporal, como la que procede de la piel y los músculos), áreas del lenguaje, áreas relacionadas con los sentidos (visual, olfativa, auditiva y gustativa) y áreas de asociación que integran la información. Entre éstas últimas están las áreas de asociación motriz y las que se ocupan de relacionar e interpretar información que ingresa a través de los sentidos.
Estas áreas intervienen en las funciones cognitivas más elevadas. Por ejemplo, el área de asociación ubicada en el lóbulo prefrontal está relacionada con la planificación y el pensamiento abstracto, mientras que en el lóbulo parietal tenemos zonas que utilizamos para leer y hablar.
La corteza es una de las más extraordinarias creaciones de la naturaleza. No solo por las funciones que desempeña, sino por el proceso que sigue durante su formación: en el período inmediato posterior a la gestación, el cerebro y la médula espinal se parecen a un diminuto tubo que se va expandiendo con el objetivo de formar el cerebro.
Como es muy grande con relación al tamaño del cráneo, la corteza se va plegando sobre sí misma a medida que va creciendo. Estos pliegues y circunvoluciones le dan un aspecto arrugado y forman las regiones anatómicas en las que ha sido subdividida para poder estudiarla: el lóbulo parietal, el lóbulo temporal, el lóbulo occipital y el lóbulo frontal.
Los lóbulos cerebrales
Cada lóbulo tiene áreas funcionales y asociativas, estas últimas son las que diferencian al cerebro humano del de otras especies, ya que se ocupan de las funciones mentales superiores, como el pensamiento, el razonamiento, la creatividad, la formación de conceptos, etcétera.
Si bien en cada lóbulo hay zonas que desempeñan funciones específicas, existe una gran interacción entre ellas, si hacemos trekking en una montaña, los movimientos se definen en el lóbulo frontal, que se ocupa del razonamiento, la planificación de la conducta y la toma de decisiones, incluso del autocontrol emocional.
Asimismo, necesitamos la intervención del lóbulo parietal (que además de funciones sensitivas y asociativas, se ocupa de lo visuoespacial), del lóbulo occipital (para poder ver por dónde nos movemos) y de los lóbulos temporales (para registrar los sonidos del entorno).
Si bien se han delimitado áreas diferenciadas, como las especializadas en recibir y procesar información sensorial y motriz, lo cierto es que el cerebro funciona mediante una red de interrelaciones que forman una unidad y aunque la base biológica que determina algunas diferentes funciones de la mente tenga una localización específica, como ocurre con el habla y la visión, se comporta como un todo unificado. Esta complejidad hace que el estudio del sistema nervioso humano sea tan complicado y, a la vez, tan apasionante.
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El cerebro por dentro es apasionante: ¿Qué tenemos debajo del cráneo?
Una de las creaciones más maravillosas del universo: el cerebro, no es precisamente algo bonito cuando podemos observarlo en vivo y en directo, es una masa gelatinosa rodeada por un líquido denominado cefalorraquídeo cuya función principal es sostenerlo y protegerlo y cuando se le extrae, se observa un tejido de color gris rosáceo.
Este tejido está compuesto por millones de células nerviosas que se conectan formando las redes que controlan todas las funciones de la mente.
Si tuvieras oportunidad de estar presente en una clase de anatomía cerebral, verías claramente que el cerebro está dividido en dos partes, que se denominan hemisferio izquierdo y hemisferio derecho, unidas por una estructura que se conoce como cuerpo calloso.
El cuerpo calloso actúa como un puente de comunicación entre ambos hemisferios: es imprescindible para que la información del hemisferio izquierdo pueda ser utilizada por el derecho, y viceversa. La superficie de ambos hemisferios está cubierta por la corteza cerebral, que es una pequeña capa que promedia los 2,6 mm de espesor.
Se compara dicho espesor con el de un pañuelo de hilo o la cáscara fina de una fruta, como una manzana, una pera o una papaya. Todos estos estudios permiten el desarrollo de la neurociencia que, a su vez, no dejan acceder a cómo funciona el cerebro humano vivo para ampliar las gamas de estudios del Neuromarketing y el Neuroliderazgo.
A pesar de su reducido tamaño, solamente en esta parte del cerebro se calcula que hay aproximadamente treinta mil millones de neuronas que constituyen una red que tiene aproximadamente un trillón de enlaces.
En lo funcional, la corteza incluye áreas motrices, somestésicas (sensibilidad corporal, como la que procede de la piel y los músculos), áreas del lenguaje, áreas relacionadas con los sentidos (visual, olfativa, auditiva y gustativa) y áreas de asociación que integran la información. Entre éstas últimas están las áreas de asociación motriz y las que se ocupan de relacionar e interpretar información que ingresa a través de los sentidos.
Estas áreas intervienen en las funciones cognitivas más elevadas. Por ejemplo, el área de asociación ubicada en el lóbulo prefrontal está relacionada con la planificación y el pensamiento abstracto, mientras que en el lóbulo parietal tenemos zonas que utilizamos para leer y hablar.
La corteza es una de las más extraordinarias creaciones de la naturaleza. No solo por las funciones que desempeña, sino por el proceso que sigue durante su formación: en el período inmediato posterior a la gestación, el cerebro y la médula espinal se parecen a un diminuto tubo que se va expandiendo con el objetivo de formar el cerebro.
Como es muy grande con relación al tamaño del cráneo, la corteza se va plegando sobre sí misma a medida que va creciendo. Estos pliegues y circunvoluciones le dan un aspecto arrugado y forman las regiones anatómicas en las que ha sido subdividida para poder estudiarla: el lóbulo parietal, el lóbulo temporal, el lóbulo occipital y el lóbulo frontal.
Los lóbulos cerebrales
Cada lóbulo tiene áreas funcionales y asociativas, estas últimas son las que diferencian al cerebro humano del de otras especies, ya que se ocupan de las funciones mentales superiores, como el pensamiento, el razonamiento, la creatividad, la formación de conceptos, etcétera.
Si bien en cada lóbulo hay zonas que desempeñan funciones específicas, existe una gran interacción entre ellas, si hacemos trekking en una montaña, los movimientos se definen en el lóbulo frontal, que se ocupa del razonamiento, la planificación de la conducta y la toma de decisiones, incluso del autocontrol emocional.
Asimismo, necesitamos la intervención del lóbulo parietal (que además de funciones sensitivas y asociativas, se ocupa de lo visuoespacial), del lóbulo occipital (para poder ver por dónde nos movemos) y de los lóbulos temporales (para registrar los sonidos del entorno).
Si bien se han delimitado áreas diferenciadas, como las especializadas en recibir y procesar información sensorial y motriz, lo cierto es que el cerebro funciona mediante una red de interrelaciones que forman una unidad y aunque la base biológica que determina algunas diferentes funciones de la mente tenga una localización específica, como ocurre con el habla y la visión, se comporta como un todo unificado. Esta complejidad hace que el estudio del sistema nervioso humano sea tan complicado y, a la vez, tan apasionante.
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De producto a neuroproducto

De producto a neuroproducto
Antes de adentrarnos específicamente en la definición conceptual del neuromarketing, es necesario rememorar dos premisas básicas del marketing tradicional, dado que éstas no han cambiado:
Las necesidades y deseos de las personas relacionadas con el consumo se materializan o reflejan en los productos y servicios que eligen para su satisfacción.
Los clientes no compran los productos y servicios por lo que estos son o aparentan ser, sino por la percepción que tienen sobre ellos y sobre sí mismos. En este sentido, muchos actúan como espejos en los cuales disfrutan verse reflejados.
En neuromarketing
Este concepto remite a las funciones sensitivas del cerebro, que recibe información de todos los órganos sensoriales, los procesa y los integra para formar nuestras percepciones, y a uno de los temas más apasionantes que estudia el neuromarketing: la construcción cerebral de la realidad.
Producto real y producto percibido
Percibir significa integrar los estímulos que recibimos a través de los sentidos para dotar de un conjunto de significados a los diferentes aspectos de la realidad.
Durante ese proceso, las sensaciones que experimentamos son el resultado de la interacción de millones de células nerviosas que envían y reciben mensajes a lo largo de una enorme cantidad de redes neuronales interconectadas.
Como el fenómeno es estrictamente individual, los significados que les otorgamos a los productos, por ejemplo: a la marca de café que consumimos, y a los hechos: que esa marca estaba presente en los desayunos que compartíamos con nuestros padres están teñidos no solamente por nuestra percepción, sino también por el contexto, la información archivada en nuestros sistemas de memoria y nuestros propios filtros perceptuales.
En conjunto, todos estos factores hacen que las estimulaciones que recibe cada cerebro influyan de manera distinta en el procesamiento de la información, consecuentemente, en la forma en que los productos y servicios se van posicionando.
Como vemos, estamos ante un fenómeno complejo. Esta complejidad se potencia ante el bombardeo de información al que como clientes (reales y potenciales) estamos expuestos cotidianamente, lo cual nos obliga a seleccionar lo que percibimos.
Si bien la cantidad de mensajes (tanto en los puntos de venta como a través de la publicidad) incrementa la fuerza de asociación entre los diferentes estímulos y facilita la recordación, se sabe que existe un límite debido al riesgo de saturación.
Son los compradores quienes demandan a las empresas un proceso de simplificación que también se evidencia en los requerimientos sobre el producto mismo.
Por ejemplo, el cliente no quiere tomarse el trabajo de elegir entre dos cualidades excluyentes en un producto capaz de satisfacer sus necesidades, como un lavavajillas duradero o uno pequeño, una aspiradora funcional o una que tenga un diseño moderno. Tampoco quiere comprar objetos que ocupen lugar innecesariamente, como un teléfono, un fax o una impresora por separado.
A ello debemos sumarle el componente de servicio asociado –que está incorporado al producto en sí y se utiliza como elemento de diferenciación- y la influencia de la información contextual.
Esto último significa que, al elegir entre diferentes alternativas, el cliente necesita puntos de referencia para poder estimar el valor que cada una de ellas le ofrece y, en la mayoría de los casos, no adquiere un producto si no puede compararlo con otros, aun cuando se trate de una innovación.
El tema del relativismo en el comportamiento de compras puede explicarse mejor a partir de casos concretos. Por ejemplo, cuando se lanzó al mercado la primera máquina para hacer pan en el hogar, el producto no tuvo éxito.
En la actualidad, el cliente exige todos los satisfactores posibles en un mismo producto.
Si bien las encuestas habían medido una actitud favorable, estos electrodomésticos continuaban adornando los escaparates. ¿Qué estaba sucediendo?
Los fabricantes descubrieron que el problema era la ausencia de otro producto similar con el cual los clientes pudieran compararlo, y encontraron la solución lanzando al mercado otros modelos que cumplían la misma función, pero con diseños y precios diferentes.
Otro tema muy interesante relacionado con los filtros perceptuales, que Ariely denomina comportamiento gregario del consumidor, tiene que ver con la imitación del comportamiento de los demás.
Este tipo de comportamiento, que se observa con claridad en el caso de los restaurantes, el calzado deportivo y la ropa, puede comprenderse también analizando el fenómeno del contagio social, que se define como el proceso por el cual las ideas, la conducta y las elecciones se expanden como un fenómeno particular entre la gente.
En el mercado de consumo, esto significa que cuando algunas personas se enteran de que otras compran determinados productos o servicios y están conformes con ellos, realizan la misma elección prácticamente sin pensarlo, generando una especie de reacción en cadena que provoca y asegura el éxito de muchos negocios, particularmente en el mercado femenino.
Desde la perspectiva de las neurociencias, este fenómeno también tiene su explicación: cada acontecimiento que vivimos modifica el cerebro en forma temporal o permanente y nos predispone a actuar de determinada manera.
Como la formación de algunas redes neuronales está determinada por la experiencia y las emociones asociadas, queda claro que el cerebro no puede construir la realidad sin la influencia del entorno, por ello el producto percibido es mucho más importante que el producto real.
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Antes de adentrarnos específicamente en la definición conceptual del neuromarketing, es necesario rememorar dos premisas básicas del marketing tradicional, dado que éstas no han cambiado:
Las necesidades y deseos de las personas relacionadas con el consumo se materializan o reflejan en los productos y servicios que eligen para su satisfacción.
Los clientes no compran los productos y servicios por lo que estos son o aparentan ser, sino por la percepción que tienen sobre ellos y sobre sí mismos. En este sentido, muchos actúan como espejos en los cuales disfrutan verse reflejados.
En neuromarketing
Este concepto remite a las funciones sensitivas del cerebro, que recibe información de todos los órganos sensoriales, los procesa y los integra para formar nuestras percepciones, y a uno de los temas más apasionantes que estudia el neuromarketing: la construcción cerebral de la realidad.
Producto real y producto percibido
Percibir significa integrar los estímulos que recibimos a través de los sentidos para dotar de un conjunto de significados a los diferentes aspectos de la realidad.
Durante ese proceso, las sensaciones que experimentamos son el resultado de la interacción de millones de células nerviosas que envían y reciben mensajes a lo largo de una enorme cantidad de redes neuronales interconectadas.
Como el fenómeno es estrictamente individual, los significados que les otorgamos a los productos, por ejemplo: a la marca de café que consumimos, y a los hechos: que esa marca estaba presente en los desayunos que compartíamos con nuestros padres están teñidos no solamente por nuestra percepción, sino también por el contexto, la información archivada en nuestros sistemas de memoria y nuestros propios filtros perceptuales.
En conjunto, todos estos factores hacen que las estimulaciones que recibe cada cerebro influyan de manera distinta en el procesamiento de la información, consecuentemente, en la forma en que los productos y servicios se van posicionando.
Como vemos, estamos ante un fenómeno complejo. Esta complejidad se potencia ante el bombardeo de información al que como clientes (reales y potenciales) estamos expuestos cotidianamente, lo cual nos obliga a seleccionar lo que percibimos.
Si bien la cantidad de mensajes (tanto en los puntos de venta como a través de la publicidad) incrementa la fuerza de asociación entre los diferentes estímulos y facilita la recordación, se sabe que existe un límite debido al riesgo de saturación.
Son los compradores quienes demandan a las empresas un proceso de simplificación que también se evidencia en los requerimientos sobre el producto mismo.
Por ejemplo, el cliente no quiere tomarse el trabajo de elegir entre dos cualidades excluyentes en un producto capaz de satisfacer sus necesidades, como un lavavajillas duradero o uno pequeño, una aspiradora funcional o una que tenga un diseño moderno. Tampoco quiere comprar objetos que ocupen lugar innecesariamente, como un teléfono, un fax o una impresora por separado.
A ello debemos sumarle el componente de servicio asociado –que está incorporado al producto en sí y se utiliza como elemento de diferenciación- y la influencia de la información contextual.
Esto último significa que, al elegir entre diferentes alternativas, el cliente necesita puntos de referencia para poder estimar el valor que cada una de ellas le ofrece y, en la mayoría de los casos, no adquiere un producto si no puede compararlo con otros, aun cuando se trate de una innovación.
El tema del relativismo en el comportamiento de compras puede explicarse mejor a partir de casos concretos. Por ejemplo, cuando se lanzó al mercado la primera máquina para hacer pan en el hogar, el producto no tuvo éxito.
En la actualidad, el cliente exige todos los satisfactores posibles en un mismo producto.
Si bien las encuestas habían medido una actitud favorable, estos electrodomésticos continuaban adornando los escaparates. ¿Qué estaba sucediendo?
Los fabricantes descubrieron que el problema era la ausencia de otro producto similar con el cual los clientes pudieran compararlo, y encontraron la solución lanzando al mercado otros modelos que cumplían la misma función, pero con diseños y precios diferentes.
Otro tema muy interesante relacionado con los filtros perceptuales, que Ariely denomina comportamiento gregario del consumidor, tiene que ver con la imitación del comportamiento de los demás.
Este tipo de comportamiento, que se observa con claridad en el caso de los restaurantes, el calzado deportivo y la ropa, puede comprenderse también analizando el fenómeno del contagio social, que se define como el proceso por el cual las ideas, la conducta y las elecciones se expanden como un fenómeno particular entre la gente.
En el mercado de consumo, esto significa que cuando algunas personas se enteran de que otras compran determinados productos o servicios y están conformes con ellos, realizan la misma elección prácticamente sin pensarlo, generando una especie de reacción en cadena que provoca y asegura el éxito de muchos negocios, particularmente en el mercado femenino.
Desde la perspectiva de las neurociencias, este fenómeno también tiene su explicación: cada acontecimiento que vivimos modifica el cerebro en forma temporal o permanente y nos predispone a actuar de determinada manera.
Como la formación de algunas redes neuronales está determinada por la experiencia y las emociones asociadas, queda claro que el cerebro no puede construir la realidad sin la influencia del entorno, por ello el producto percibido es mucho más importante que el producto real.
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De la comunicación a la Neurocomunicación

De la comunicación a la Neurocomunicación
Todo proceso de enseñanza-aprendizaje es, sustancialmente, un proceso integrado de comunicaciones, por esa razón, entre los campos más activos de las disciplinas involucradas: la neuroeducación y el neuroaprendizaje, se estudian los mecanismos cerebrales de educadores y aprendientes con el objetivo de hacer más efectivas tanto las estrategias de transmisión de conocimientos como el feed back asociado a ellas.
Existe un conjunto de elementos importantes que deben ser trabajados exhaustivamente, como el significado de cada mensaje, el medio (internet, presentaciones orales, encuentros cara a cara), el modo que se elige para comunicarlo, el tono de voz, los modales, los movimientos, las posturas y las formas, entre muchos otros.
Tomemos un ejemplo que, si bien procede de otra disciplina, es altamente aplicable en neuroeducación: al analizar un conjunto de comerciales, un equipo de investigación dirigido por Rossiter demostró que las escenas que provocaron mayor impacto y se recordaron mejor fueron las que activaron el polo frontal izquierdo del cerebro, relacionado con pensamientos y emociones positivas.
La aplicación de esta investigación en neuroeducación es fundamental, no sólo porque lo emocional es un componente sine qua non del aprendizaje, sino también porque un educador entrenado deberá llegar a las mismas zonas neuronales con su estrategia.
Otro estudio, realizado por Peter Kenning, detectó la activación del núcleo accumbens, el cíngulo posterior, la corteza prefrontal medial, la corteza visual y el gyrus fusiforme frente a la presentación de imágenes consideradas atractivas. Estas activaciones tuvieron su correlato en un mejor nivel de atención y recordación.
La aplicación de esta investigación para la neuroeducación es también extraordinaria, dado que la argumentación, la forma de presentar los contenidos, el tono de voz y el ámbito en el que se desarrolle el encuentro o la clase son elementos cruciales para generar atención y concentración, dos insumos imprescindibles en todo proceso de aprendizaje.
Esto nos hace concluir que cuanto más atractivo sea el mensaje, cuantas más sonrisas despierte un expositor, cuanto más placentero sea el ambiente en el que se estudia y aprende, mejores serán los resultados.
Esto último se relaciona con otras investigaciones que revelaron que trabajar con eventos vivenciales, por ejemplo, que los alumnos escuchen una melodía, saboreen una bebida o una fruta seca mientras registran detenidamente lo que van experimentando en una clase sobre los sentidos, es mucho más efectivo que realizar una presentación en ppt en la que se describa el funcionamiento del gusto y el olfato.
Es imprescindible que todo proceso de enseñanza-aprendizaje incluya un análisis ambiental que favorezca la motivación , el desarrollo de la imaginación y la creatividad de los participantes: educadores y aprendientes.
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Todo proceso de enseñanza-aprendizaje es, sustancialmente, un proceso integrado de comunicaciones, por esa razón, entre los campos más activos de las disciplinas involucradas: la neuroeducación y el neuroaprendizaje, se estudian los mecanismos cerebrales de educadores y aprendientes con el objetivo de hacer más efectivas tanto las estrategias de transmisión de conocimientos como el feed back asociado a ellas.
Existe un conjunto de elementos importantes que deben ser trabajados exhaustivamente, como el significado de cada mensaje, el medio (internet, presentaciones orales, encuentros cara a cara), el modo que se elige para comunicarlo, el tono de voz, los modales, los movimientos, las posturas y las formas, entre muchos otros.
Tomemos un ejemplo que, si bien procede de otra disciplina, es altamente aplicable en neuroeducación: al analizar un conjunto de comerciales, un equipo de investigación dirigido por Rossiter demostró que las escenas que provocaron mayor impacto y se recordaron mejor fueron las que activaron el polo frontal izquierdo del cerebro, relacionado con pensamientos y emociones positivas.
La aplicación de esta investigación en neuroeducación es fundamental, no sólo porque lo emocional es un componente sine qua non del aprendizaje, sino también porque un educador entrenado deberá llegar a las mismas zonas neuronales con su estrategia.
Otro estudio, realizado por Peter Kenning, detectó la activación del núcleo accumbens, el cíngulo posterior, la corteza prefrontal medial, la corteza visual y el gyrus fusiforme frente a la presentación de imágenes consideradas atractivas. Estas activaciones tuvieron su correlato en un mejor nivel de atención y recordación.
La aplicación de esta investigación para la neuroeducación es también extraordinaria, dado que la argumentación, la forma de presentar los contenidos, el tono de voz y el ámbito en el que se desarrolle el encuentro o la clase son elementos cruciales para generar atención y concentración, dos insumos imprescindibles en todo proceso de aprendizaje.
Esto nos hace concluir que cuanto más atractivo sea el mensaje, cuantas más sonrisas despierte un expositor, cuanto más placentero sea el ambiente en el que se estudia y aprende, mejores serán los resultados.
Esto último se relaciona con otras investigaciones que revelaron que trabajar con eventos vivenciales, por ejemplo, que los alumnos escuchen una melodía, saboreen una bebida o una fruta seca mientras registran detenidamente lo que van experimentando en una clase sobre los sentidos, es mucho más efectivo que realizar una presentación en ppt en la que se describa el funcionamiento del gusto y el olfato.
Es imprescindible que todo proceso de enseñanza-aprendizaje incluya un análisis ambiental que favorezca la motivación , el desarrollo de la imaginación y la creatividad de los participantes: educadores y aprendientes.
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Creencias erróneas sobre el cerebro y la inteligencia

Creencias erróneas sobre el cerebro y la inteligencia
Las creencias erróneas sobre el funcionamiento del cerebro son de larga data; sin embargo, en el siglo XXI continúan circulando verdades que no son tales. Veamos algunas de las más importantes.
“Los seres humanos utilizan sólo el 10% de su cerebro”: para derribar este mito, al que le dedicaré más espacio porque es uno de los más arraigados, es suficiente un ejemplo: cada vez que se levanta la mano para saludar a alguien existe un conjunto de neuronas que se ponen en marcha para reconocerlo.
Luego, comienzan a trabajar las cortezas premotora y motora para que el brazo y la mano se muevan, también intervendrá el cerebelo, que es un área vital para el control de actividades musculares rápidas.
Como normalmente un saludo se acompaña con una sonrisa, participarán regiones prefrontales (involucradas en el proceso cognoscitivo), parte de las neuronas espejo (relacionadas con la empatía) y el núcleo accumbens (si el encuentro con el otro es placentero), además de eso, no se activarán las mismas zonas si la persona que saludamos es nuestra madre, un vecino o un compañero de trabajo, alguien a quien se quiere, nos resulta indiferente o lo detestamos.
En definitiva, cada experiencia humana, consciente o metaconsciente, pone en marcha un conjunto de movimientos que el cerebro jamás podría llevar a cabo si utilizara sólo un 10% de su capacidad.
“La inteligencia se hereda”: si bien todo ser humano hereda un patrón único de los genes de sus padres, éste es un componente de base, ya que el desarrollo de la inteligencia depende de un cerebro sano (en el que la nutrición adquiere un rol fundamental en los primeros años de vida), de los estímulos que se reciben del entorno (emocionales, sociales y cognitivos) y, fundamentalmente, de lo que cada persona haga para potenciarla, de hecho, la naturaleza lo ha dotado del maravilloso fenómeno de la plasticidad neuronal, que permite moldearlo segundo a segundo mediante un proceso que se conoce como neuroplasticidad autodirigida.
“El cociente intelectual revela el nivel de inteligencia”: el CI es una puntuación que se obtiene luego de aplicar un conjunto de test estandarizados para medir las habilidades cognitivas de una persona con relación a otras de la misma edad. Sin embargo, no siempre es indicador de un buen desempeño futuro.
Por ejemplo, en los Estados Unidos se han hecho investigaciones sobre personas que obtuvieron puntajes bajos en el Scholastic Assessment Test (SAT) y en el American Collage Test y aún así han desarrollado una carrera profesional exitosa.
En Alemania, un estudio realizado por la consultora Egon Zehnder International entre cientos de ejecutivos de primer nivel de ese país, Japón y América Latina, demostró que eran más proclives a triunfar quienes obtenían puntajes más altos en autorregulación emocional en comparación con quienes habían obtenido puntajes altos en cociente intelectual.
En síntesis, la inteligencia no es lo que miden los clásicos tests de cociente intelectual.
Una persona inteligente es aquella que, además de manejar un vocabulario con fluidez, comprender rápidamente lo que lee, resolver cálculos con habilidad, tomar decisiones correctas y alcanzar sus metas, es capaz de relacionarse armónicamente consigo misma y con las demás.
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Las creencias erróneas sobre el funcionamiento del cerebro son de larga data; sin embargo, en el siglo XXI continúan circulando verdades que no son tales. Veamos algunas de las más importantes.
“Los seres humanos utilizan sólo el 10% de su cerebro”: para derribar este mito, al que le dedicaré más espacio porque es uno de los más arraigados, es suficiente un ejemplo: cada vez que se levanta la mano para saludar a alguien existe un conjunto de neuronas que se ponen en marcha para reconocerlo.
Luego, comienzan a trabajar las cortezas premotora y motora para que el brazo y la mano se muevan, también intervendrá el cerebelo, que es un área vital para el control de actividades musculares rápidas.
Como normalmente un saludo se acompaña con una sonrisa, participarán regiones prefrontales (involucradas en el proceso cognoscitivo), parte de las neuronas espejo (relacionadas con la empatía) y el núcleo accumbens (si el encuentro con el otro es placentero), además de eso, no se activarán las mismas zonas si la persona que saludamos es nuestra madre, un vecino o un compañero de trabajo, alguien a quien se quiere, nos resulta indiferente o lo detestamos.
En definitiva, cada experiencia humana, consciente o metaconsciente, pone en marcha un conjunto de movimientos que el cerebro jamás podría llevar a cabo si utilizara sólo un 10% de su capacidad.
“La inteligencia se hereda”: si bien todo ser humano hereda un patrón único de los genes de sus padres, éste es un componente de base, ya que el desarrollo de la inteligencia depende de un cerebro sano (en el que la nutrición adquiere un rol fundamental en los primeros años de vida), de los estímulos que se reciben del entorno (emocionales, sociales y cognitivos) y, fundamentalmente, de lo que cada persona haga para potenciarla, de hecho, la naturaleza lo ha dotado del maravilloso fenómeno de la plasticidad neuronal, que permite moldearlo segundo a segundo mediante un proceso que se conoce como neuroplasticidad autodirigida.
“El cociente intelectual revela el nivel de inteligencia”: el CI es una puntuación que se obtiene luego de aplicar un conjunto de test estandarizados para medir las habilidades cognitivas de una persona con relación a otras de la misma edad. Sin embargo, no siempre es indicador de un buen desempeño futuro.
Por ejemplo, en los Estados Unidos se han hecho investigaciones sobre personas que obtuvieron puntajes bajos en el Scholastic Assessment Test (SAT) y en el American Collage Test y aún así han desarrollado una carrera profesional exitosa.
En Alemania, un estudio realizado por la consultora Egon Zehnder International entre cientos de ejecutivos de primer nivel de ese país, Japón y América Latina, demostró que eran más proclives a triunfar quienes obtenían puntajes más altos en autorregulación emocional en comparación con quienes habían obtenido puntajes altos en cociente intelectual.
En síntesis, la inteligencia no es lo que miden los clásicos tests de cociente intelectual.
Una persona inteligente es aquella que, además de manejar un vocabulario con fluidez, comprender rápidamente lo que lee, resolver cálculos con habilidad, tomar decisiones correctas y alcanzar sus metas, es capaz de relacionarse armónicamente consigo misma y con las demás.
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Creatividad: Los errores conceptuales y la trampa de la resignación

Creatividad: Los errores conceptuales y la trampa de la resignación
Desde que el mundo es mundo, la creatividad se ha considerado un don, una característica, una especie de bendición de algunos elegidos. Desde hace unos años, comenzaron a escribirse gran cantidad de libros que pusieron en cuestión esta afirmación con numerosos casos y ejemplos.
En su libro Creatividad, Edward Del Bono, uno de los autores más prolíficos sobre el tema narra una investigación según la que el 94% de los jóvenes valora el triunfo como lo más importantes de su vida y lo asocia en forma directa con la creatividad.
Con el fin de observar lo que ocurría en mi propio entorno, hice varias veces la misma pregunta a los participantes de mis cursos y seminarios, obteniendo resultados similares a los que menciona Del Bono.
“Los individuos creativos se pueden hacer ricos de un día para el otro”; “Son muy inteligentes”; “Son los que ascienden más rápidamente en las empresas”; “Ocupan los mejores puestos en las agencias de publicidad”.
Prácticamente en todas las respuestas puede inferirse la asociación creatividad-inteligencia-éxito.
Paralelamente, en aquellos que no se consideraban a sí mismos creativos, observé una especie de resignación, de aceptación de una realidad inmodificable. Una de las asistentes comentó: “mi jefe tiene una creatividad impresionante, yo voy de copiloto: soy muy buena implementando sus ideas” y me siento bien así.
Como se puede ver, una conceptualización equivocada de la creatividad lleva implícito el conformismo. De hecho, muchas personas que podrían ser número uno están varios escalones abajo porque no se dieron cuenta de que, al igual que cualquier otro ser humano sano, han venido a este mundo con un cerebro con condiciones naturales para la creatividad.Su error es no haberle dedicado tiempo a explorar por qué estas habilidades estaban bloqueadas.
Al escribir esto viene a mi mente el caso de una amiga que, hace unos cinco años, tenía un considerable sobrepeso. El nutricionista al que recurrió en aquella oportunidad le dijo: “nuestro trabajo a partir de hoy consiste en quitar las capas de tejido graso que ocultan tu belleza”. Y así fue, por cierto, Maia es preciosa.
Análogamente, todo ser humano que no se considere creativo y quiera serlo debería recorrer un camino similar:
Averiguar cuáles son las “capas” que traban u ocultan su creatividad, impidiéndole que aflore (lo que comúnmente denominamos bloqueos).
Recurrir a la ayuda de especialistas para liberar a su cerebro de todo aquello que entorpezca o impida el flujo de su potencial creativo.
Ejercitar la creatividad. Nadie puede liberar y, al mismo tiempo, desarrollar una habilidad si no le dedica tiempo a las prácticas diseñadas para ello. Los gimnasios cerebrales son sitios ideales para que puedan alcanzar este objetivo.
En los próximos apartados nos concentraremos en conceptos que son necesarios para comprender este maravilloso fenómeno a la luz de las neurociencias, y en los siguientes abordaremos los temas que consideramos relevantes para ayudar a los lectores a atravesar las etapas mencionadas precedentemente.
¿Qué entendemos por creatividad?
La creatividad normalmente se conceptualiza como la capacidad de un individuo para generar nuevas ideas fuera del marco que constituyen los esquemas estereotipados en el pensamiento.
Sin embargo, no es lo mismo la creatividad en ingeniería que la creatividad en la música o en la pintura, de hecho, las zonas cerebrales que se activan según el área de trabajo a la que se aplique esta habilidad son diferentes.
Por ejemplo, a veces se necesita una base de conocimiento para crear. De hecho, no hubiera sido posible enviar un robot a Marte sin experiencia en la carrera espacial, y si Demócrito (500 años antes de Cristo) no hubiera razonado que la materia estaba compuesta de pequeñísimos corpúsculos rodeados de espacios vacíos (los átomos).
En otras disciplinas, como la pintura o la escritura, no se requiere esta condición. En ambos casos la base previa de conocimientos se reduce al lenguaje, que se constituye en el instrumento que permitirá plasmar en una obra el genio creativo.
¿Qué ocurre a nivel cerebral?
A nivel cerebral, la creatividad es una de las diferencias más tangibles que tenemos con respecto a nuestros antepasados, ya que la evolución del hombre está estrechamente relacionada con ella, de hecho, cualquier libro sobre la historia del homo sapiens es, en cierto modo, la historia de sus inventos, desde aquellos relacionados con sus necesidades primarias (como un techo, armas rudimentarias o utensilios para comer) hasta los más sofisticados, como lo fue la rueda en su momento y como lo es hoy todo lo relacionado con la tecnología.
Precisamente, las facultades superiores que poseemos los seres humanos son las que nos han permitido combinar los elementos de la naturaleza para edificar nuestras casas, nuestras ciudades, nuestros puentes y enviar un robot a Marte. Estos ejemplos revelan, a su vez, que no estamos ante un fenómeno estrictamente individual o hereditario, ya que la vida social es decisiva en la evolución de la inteligencia creativa.
Conoce más de este tema en Entrenamiento cerebral
¿Conoces los términos de las temáticas? Aprende con el nuevo Diccionario de las Neurociencias Aplicadas
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Creatividad: Los errores conceptuales y la trampa de la resignación
Desde que el mundo es mundo, la creatividad se ha considerado un don, una característica, una especie de bendición de algunos elegidos. Desde hace unos años, comenzaron a escribirse gran cantidad de libros que pusieron en cuestión esta afirmación con numerosos casos y ejemplos.
En su libro Creatividad, Edward Del Bono, uno de los autores más prolíficos sobre el tema narra una investigación según la que el 94% de los jóvenes valora el triunfo como lo más importantes de su vida y lo asocia en forma directa con la creatividad.
Con el fin de observar lo que ocurría en mi propio entorno, hice varias veces la misma pregunta a los participantes de mis cursos y seminarios, obteniendo resultados similares a los que menciona Del Bono.
“Los individuos creativos se pueden hacer ricos de un día para el otro”; “Son muy inteligentes”; “Son los que ascienden más rápidamente en las empresas”; “Ocupan los mejores puestos en las agencias de publicidad”.
Prácticamente en todas las respuestas puede inferirse la asociación creatividad-inteligencia-éxito.
Paralelamente, en aquellos que no se consideraban a sí mismos creativos, observé una especie de resignación, de aceptación de una realidad inmodificable. Una de las asistentes comentó: “mi jefe tiene una creatividad impresionante, yo voy de copiloto: soy muy buena implementando sus ideas” y me siento bien así.
Como se puede ver, una conceptualización equivocada de la creatividad lleva implícito el conformismo. De hecho, muchas personas que podrían ser número uno están varios escalones abajo porque no se dieron cuenta de que, al igual que cualquier otro ser humano sano, han venido a este mundo con un cerebro con condiciones naturales para la creatividad.Su error es no haberle dedicado tiempo a explorar por qué estas habilidades estaban bloqueadas.
Al escribir esto viene a mi mente el caso de una amiga que, hace unos cinco años, tenía un considerable sobrepeso. El nutricionista al que recurrió en aquella oportunidad le dijo: “nuestro trabajo a partir de hoy consiste en quitar las capas de tejido graso que ocultan tu belleza”. Y así fue, por cierto, Maia es preciosa.
Análogamente, todo ser humano que no se considere creativo y quiera serlo debería recorrer un camino similar:
Averiguar cuáles son las “capas” que traban u ocultan su creatividad, impidiéndole que aflore (lo que comúnmente denominamos bloqueos).
Recurrir a la ayuda de especialistas para liberar a su cerebro de todo aquello que entorpezca o impida el flujo de su potencial creativo.
Ejercitar la creatividad. Nadie puede liberar y, al mismo tiempo, desarrollar una habilidad si no le dedica tiempo a las prácticas diseñadas para ello. Los gimnasios cerebrales son sitios ideales para que puedan alcanzar este objetivo.
En los próximos apartados nos concentraremos en conceptos que son necesarios para comprender este maravilloso fenómeno a la luz de las neurociencias, y en los siguientes abordaremos los temas que consideramos relevantes para ayudar a los lectores a atravesar las etapas mencionadas precedentemente.
¿Qué entendemos por creatividad?
La creatividad normalmente se conceptualiza como la capacidad de un individuo para generar nuevas ideas fuera del marco que constituyen los esquemas estereotipados en el pensamiento.
Sin embargo, no es lo mismo la creatividad en ingeniería que la creatividad en la música o en la pintura, de hecho, las zonas cerebrales que se activan según el área de trabajo a la que se aplique esta habilidad son diferentes.
Por ejemplo, a veces se necesita una base de conocimiento para crear. De hecho, no hubiera sido posible enviar un robot a Marte sin experiencia en la carrera espacial, y si Demócrito (500 años antes de Cristo) no hubiera razonado que la materia estaba compuesta de pequeñísimos corpúsculos rodeados de espacios vacíos (los átomos).
En otras disciplinas, como la pintura o la escritura, no se requiere esta condición. En ambos casos la base previa de conocimientos se reduce al lenguaje, que se constituye en el instrumento que permitirá plasmar en una obra el genio creativo.
¿Qué ocurre a nivel cerebral?
A nivel cerebral, la creatividad es una de las diferencias más tangibles que tenemos con respecto a nuestros antepasados, ya que la evolución del hombre está estrechamente relacionada con ella, de hecho, cualquier libro sobre la historia del homo sapiens es, en cierto modo, la historia de sus inventos, desde aquellos relacionados con sus necesidades primarias (como un techo, armas rudimentarias o utensilios para comer) hasta los más sofisticados, como lo fue la rueda en su momento y como lo es hoy todo lo relacionado con la tecnología.
Precisamente, las facultades superiores que poseemos los seres humanos son las que nos han permitido combinar los elementos de la naturaleza para edificar nuestras casas, nuestras ciudades, nuestros puentes y enviar un robot a Marte. Estos ejemplos revelan, a su vez, que no estamos ante un fenómeno estrictamente individual o hereditario, ya que la vida social es decisiva en la evolución de la inteligencia creativa.
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