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Diego Vialenoviembre 17, 2020Blog

Sácale partido a tu cerebro con técnicas de Neuroliderazgo

Sácale partido a tu cerebro con técnicas de Neuroliderazgo

 

Hemos entrado de lleno en la “revolución de la neurociencia”; hemos comenzado una era en la que sus avances y aplicaciones se extienden a los más diversos campos de la actividad humana y, muy especialmente, a nuestra vida cotidiana. 

En ese sentido, el Neuroliderazgo es una herramienta fundamental. Hemos comenzado una etapa en la que el desarrollo de las capacidades cerebrales está al alcance de todos. 

En cualquier profesión, en cualquier actividad, incluso en el día a día, se abre un abanico infinito de posibilidades de desarrollo de las habilidades que necesitamos para trabajar, crecer intelectualmente, relacionarnos con los demás y vivir en armonía, tanto con el entorno como con nosotros mismos.  

Lo único que necesitamos para ello es voluntad de superación y hacer un buen uso de las técnicas de Neuroliderazgo. Ten presente que el cerebro con el que venimos al mundo no es algo fijo, algo que nos viene dado y no se puede cambiar, es totalmente maleable. 

Debido al maravilloso fenómeno de la Neuroplasticidad, todos podemos alcanzar altos grados de desarrollo siempre que exista la decisión de hacerlo. 

Los seres humanos venimos al mundo con una determinada cantidad de neuronas, unos cuantos millones. El entramado cerebral se va creando mientras recibimos diferentes estímulos, esto es: A medida que vamos aprendiendo o incorporando nuevas experiencias, se va reorganizando nuestro entramado neuronal, y esto sucede segundo a segundo. 

Por ello subrayo con frecuencia que “nuestra experiencia no es lo que nos ocurre”, es “lo que hacemos con lo que nos ocurre”, porque hablar de capacidades cerebrales no significa hablar solamente de capacidades intelectuales, como velocidad de procesamiento de la información, memoria o inteligencia creativa. Significa también, y esto es muy importante, hablar de emociones. 

En este sentido, las últimas investigaciones no dejan lugar a dudas: las mejores decisiones que tomamos en la vida tienen una base emocional-metaconsciente, y las funciones ejecutivas del cerebro, que son las que necesitamos para razonar, planificar, elegir cursos de acción, no pueden operar a pleno sin un adecuado liderazgo emocional o neuroliderazgo. 

Desarrollar capacidades cerebrales involucra no solo un conjunto de herramientas y ejercicios prácticos de entrenamiento neurocognitivo, como los vinculados a la atención, la concentración o la velocidad mental, involucra también un trabajo sistemático y constante para alcanzar el propio liderazgo emocional y vivir mejor.

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Lo único que necesitamos para ello es voluntad de superación y hacer un buen uso de las técnicas de Neuroliderazgo. Ten presente que el cerebro con el que venimos al mundo no es algo fijo, algo que nos viene dado y no se puede cambiar, es totalmente maleable. 

Debido al maravilloso fenómeno de la Neuroplasticidad, todos podemos alcanzar altos grados de desarrollo siempre que exista la decisión de hacerlo. 

Los seres humanos venimos al mundo con una determinada cantidad de neuronas, unos cuantos millones. El entramado cerebral se va creando mientras recibimos diferentes estímulos, esto es: A medida que vamos aprendiendo o incorporando nuevas experiencias, se va reorganizando nuestro entramado neuronal, y esto sucede segundo a segundo. 

Por ello subrayo con frecuencia que “nuestra experiencia no es lo que nos ocurre”, es “lo que hacemos con lo que nos ocurre”, porque hablar de capacidades cerebrales no significa hablar solamente de capacidades intelectuales, como velocidad de procesamiento de la información, memoria o inteligencia creativa. Significa también, y esto es muy importante, hablar de emociones. 

En este sentido, las últimas investigaciones no dejan lugar a dudas: las mejores decisiones que tomamos en la vida tienen una base emocional-metaconsciente, y las funciones ejecutivas del cerebro, que son las que necesitamos para razonar, planificar, elegir cursos de acción, no pueden operar a pleno sin un adecuado liderazgo emocional o neuroliderazgo. 

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Diego Vialenoviembre 17, 2020Blog

¿Qué son las neuronas espejo y cómo intervienen en el proceso de neuroventa?

¿Qué son las neuronas espejo y cómo intervienen en el proceso de neuroventa?

Las neuronas espejo son un tipo particular de neuronas cuyas funciones se estudian intensamente debido a su rol en el aprendizaje, la imitación y la comunicación social, por ello, los avances en el conocimiento de este tipo de células son seguidos muy de cerca por el neuromarketing.

Muchas de estas neuronas se encuentran en la denominada área de Broca (que es la región principal del lenguaje) y en otras zonas de la corteza cerebral, incluyendo las relacionadas con la visión y la memoria.

(más…)
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Diego Vialenoviembre 17, 2020Blog

Espiritualidad: la clave de la productividad y éxito en las organizaciones

Espiritualidad: la clave de la productividad y éxito en las organizaciones

El término espiritualidad tiene varias interpretaciones que dependen del contexto en el que se le sitúe.

El más común es de origen religioso e involucra el vínculo de una persona o un conjunto de personas con un Dios o una divinidad en particular.

En lo individual, suele decirse que una persona es espiritual cuando tiene una gran sensibilidad, fundamentalmente hacia el prójimo, y minimiza el valor de los bienes materiales o, directamente, no le interesan.

Para algunas corrientes filosóficas, la espiritualidad involucra una especie de contraste entre materia y espíritu, es lo que ilumina al sujeto proporcionándole una gran paz interior tanto en su forma de vivir como en la búsqueda de la verdad.

En el contexto en el que aquí lo situaremos: el de las organizaciones y los negocios,  el término espiritualidad involucra una reinterpretación de la economía, la empresa y la sociedad que pone al ser humano como centro y se caracteriza por la búsqueda de aplicaciones superadoras en materia de valores, dado que éstos deben trascender la inmediatez de sus circunstancias y su tiempo presente.

El respeto por el otro, el trato amable, la decencia en los negocios y todas las acciones que conducen a la buena convivencia tienen un efecto multiplicador. Al repercutir en otros ámbitos, principalmente en la familia y la sociedad, influyen en el bienestar general, individual y colectivo, generando una especie de onda expansiva que proyecta positivamente en forma horizontal y también hacia el futuro.

En líneas generales, el tipo de espiritualidad al que  me refiero no se aleja mucho de los preceptos religiosos ni de los filosóficos, ya que se trata de ubicar al mundo del trabajo y a otros tipos de convivencia entre hombres y mujeres en un marco virtuoso que abarque las dimensiones material, mental y espiritual del ser humano.

La necesidad de focalizar en el ser humano: fundamentaciones científicas

Si bien las nuevas corrientes, como el neuromanagement y el neuroliderazgo promueven la ética, el buen trato y el respeto por el otro como núcleo de una gestión de recursos humanos de avanzada, desde las corrientes de espiritualidad lo que se busca es siempre algo que vaya más allá de los objetivos empresariales:

Cuanto mejor sea el ser humano como, mejor será la sociedad en la que vive, y mejores sus vínculos con su familia y su entorno. Cuando se habla de felicidad en las empresas, se habla de la generación de ámbitos de trabajo cuyos integrantes se sientan bien y disfruten de su actividad.

Ello produce la activación de los sistemas de recompensa del cerebro, provocando una mayor identificación con la organización en la que se desempeñan. Consecuentemente, aumenta su motivación, se potencian sus capacidades de creatividad e innovación y, al finalizar la jornada, regresan bien a sus hogares.

Esto último es muy importante porque cuando las personas no tienen el cerebro contaminado por el malestar laboral están mejor con ellas mismas y con los demás, disfrutan con su familia, con las actividades personales que realizan (el deporte, el teatro, el cine o cualquier otro tipo de esparcimiento) y al día siguiente  o luego del fin de semana regresan bien a su trabajo.

Ello exige, en primer lugar, poner el foco en los opuestos, es decir, en todo aquello que debe minimizarse en las convivencias laborales, comenzando por acciones  u omisiones que generen frustración, rabia y angustia por injusticias, temas que encabezan los listados cuando se analizan los males típicos de las organizaciones modernas.

De hecho, las ciencias neuroempresariales han demostrado en más de una oportunidad que la recompensa monetaria que recibe una persona por su trabajo no es la primera causa que la motiva, sino el buen trato y el placer por lo que se hace.

Espiritualidad: la clave de la productividad y éxito en las organizaciones

 

El término espiritualidad tiene varias interpretaciones que dependen del contexto en el que se le sitúe.

El más común es de origen religioso e involucra el vínculo de una persona o un conjunto de personas con un Dios o una divinidad en particular.

En lo individual, suele decirse que una persona es espiritual cuando tiene una gran sensibilidad, fundamentalmente hacia el prójimo, y minimiza el valor de los bienes materiales o, directamente, no le interesan.

Para algunas corrientes filosóficas, la espiritualidad involucra una especie de contraste entre materia y espíritu, es lo que ilumina al sujeto proporcionándole una gran paz interior tanto en su forma de vivir como en la búsqueda de la verdad.

En el contexto en el que aquí lo situaremos: el de las organizaciones y los negocios,  el término espiritualidad involucra una reinterpretación de la economía, la empresa y la sociedad que pone al ser humano como centro y se caracteriza por la búsqueda de aplicaciones superadoras en materia de valores, dado que éstos deben trascender la inmediatez de sus circunstancias y su tiempo presente.

El respeto por el otro, el trato amable, la decencia en los negocios y todas las acciones que conducen a la buena convivencia tienen un efecto multiplicador. Al repercutir en otros ámbitos, principalmente en la familia y la sociedad, influyen en el bienestar general, individual y colectivo, generando una especie de onda expansiva que proyecta positivamente en forma horizontal y también hacia el futuro.

En líneas generales, el tipo de espiritualidad al que  me refiero no se aleja mucho de los preceptos religiosos ni de los filosóficos, ya que se trata de ubicar al mundo del trabajo y a otros tipos de convivencia entre hombres y mujeres en un marco virtuoso que abarque las dimensiones material, mental y espiritual del ser humano.

La necesidad de focalizar en el ser humano: fundamentaciones científicas

Si bien las nuevas corrientes, como el neuromanagement y el neuroliderazgo promueven la ética, el buen trato y el respeto por el otro como núcleo de una gestión de recursos humanos de avanzada, desde las corrientes de espiritualidad lo que se busca es siempre algo que vaya más allá de los objetivos empresariales:

Cuanto mejor sea el ser humano como, mejor será la sociedad en la que vive, y mejores sus vínculos con su familia y su entorno. Cuando se habla de felicidad en las empresas, se habla de la generación de ámbitos de trabajo cuyos integrantes se sientan bien y disfruten de su actividad.

Ello produce la activación de los sistemas de recompensa del cerebro, provocando una mayor identificación con la organización en la que se desempeñan. Consecuentemente, aumenta su motivación, se potencian sus capacidades de creatividad e innovación y, al finalizar la jornada, regresan bien a sus hogares.

Esto último es muy importante porque cuando las personas no tienen el cerebro contaminado por el malestar laboral están mejor con ellas mismas y con los demás, disfrutan con su familia, con las actividades personales que realizan (el deporte, el teatro, el cine o cualquier otro tipo de esparcimiento) y al día siguiente  o luego del fin de semana regresan bien a su trabajo.

Ello exige, en primer lugar, poner el foco en los opuestos, es decir, en todo aquello que debe minimizarse en las convivencias laborales, comenzando por acciones  u omisiones que generen frustración, rabia y angustia por injusticias, temas que encabezan los listados cuando se analizan los males típicos de las organizaciones modernas.

De hecho, las ciencias neuroempresariales han demostrado en más de una oportunidad que la recompensa monetaria que recibe una persona por su trabajo no es la primera causa que la motiva, sino el buen trato y el placer por lo que se hace.

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Diego Vialenoviembre 17, 2020Blog

El tesoro de las grandes organizaciones: La Neuromotivación

El tesoro de las grandes organizaciones: La Neuromotivación

¿Qué es la motivación? Desde la perspectiva de la psicología, la motivación es el conjunto de estímulos que impulsan a una persona a realizar determinadas acciones y a persistir en ellas para su culminación.

En otros términos, es el impulso que inicia, guía y mantiene el comportamiento hasta alcanzar la meta u objetivo deseado. En el ámbito de las neurociencias, se analiza el conjunto de procesos cerebrales (cognitivos y emocionales) que determinan, en una situación dada, con qué fuerza actúa una persona y en qué dirección encauza su energía. 

En el presente artículo analizaremos el alcance de esta visión interdisciplinaria y analizaremos los factores que, al influir significativamente en la motivación de las personas, determinan su comportamiento en las organizaciones.

Factores que influyen en la motivación

  1. Las expectativas de recompensa El sistema de recompensas del cerebro es un circuito “dopaminérgico”, responsable de generar estados de bienestar. Estos estados se almacenan en distintos sistemas de memoria e influyen en la motivación.

Si bien a veces recordamos cuáles son las experiencias que nos llevan a actuar con mucha energía en un ámbito laboral (por ejemplo, el reconocimiento, las expectativas de ascenso), lo cierto es que la mayor parte de los procesos relacionados con este sistema se llevan a cabo en forma metaconciente.

  1. Un estudio reciente, utilizando fMRI1, corroboró esta afirmación: las personas aumentaban suesfuerzo si sabían que obtendrían un beneficio, incluso a nivel no consciente. Al analizar una zona del cerebro, el pallidum ventral (relacionada con la motivación y la recompensa), se descubrió que se activaba ante esta posibilidad enviando mensajes a las regiones motoras.

En síntesis: Las neurociencias modernas han corroborado que el cerebro humano es capaz de transformar las expectativas de recompensa en un mayor compromiso laboral, incluso en el nivel no consciente. 

Ahora bien ¿qué ocurre cuando las expectativas no son favorables, por ejemplo, cuando un empleado se encuentra ante una situación de posible pérdida de dinero o cuando escucha “rumores” de reestructuración? 

Recientemente, una investigación demostró que en estos casos el cerebro reacciona de la misma forma que cuando percibe un riesgo inminente de sufrir un daño físico: la conducta es defensiva e inmediata.

Tal como imaginarás, hay una gran cantidad de investigaciones que corroboran estas afirmaciones. Nuestro objetivo, en el presente trabajo, es seleccionar sólo algunas con el fin de que quienes tienen a la conducción de equipos de trabajo tengan en claro que la aplicación de las neurociencias al estudio de la motivación es de enorme relevancia.

Afortunadamente, el gran dinamismo que se observa en el esfuerzo por conocer las estructuras cerebrales que intervienen en la predicción de la recompensa posibilita desarrollar estrategias de activación del sistema motivacional que guíen la conducta hacia un mayor rendimiento.

En síntesis:

∙ En las organizaciones, las personas tienden a adaptar su conducta con
relación a una expectativa de recompensa.

∙ Las neurociencias modernas permiten analizar cómo funcionan estos
mecanismos a nivel cerebral.

∙ Las expectativas de recompensa activan neurocircuitos relacionados
con la motivación, aunque no seamos concientes de ello.

  1. La fatiga mental La fatiga es el efecto que experimenta toda persona que realiza una actividad cognitiva durante un tiempo prolongado, mayor a una hora y media, sin descanso (Loris, M. et al 2005).

A nivel cerebral, la fatiga disminuye la actividad del cíngulo anterior, con lo cual se altera negativamente la focalización en la tarea, el rendimiento, la iniciativa, el impulso para la toma de decisiones y la motivación, favoreciendo la distracción y disminuyendo los niveles de dopamina en el cerebro (Boksem, M. et al 2005).

Dado que el cíngulo anterior también está implicado en otras funciones importantes, entre ellas, atención focalizada-dividida, modulación del procesamiento cognitivo y emocional, intencionalidad, pensamientos optimistas, iniciación de acciones, actividad exploratoria y monitoreo de errores, no hay dudas de que es necesario implementar procesos que minimicen el riesgo de fatiga laboral.

Uno de los efectos más dañinos de la fatiga está relacionado con la atención y la consolidación de la memoria. Esto fue confirmado por un estudio que examinó el mecanismo de recompensa con relación a la motivación y sus efectos en la consolidación de la memoria.

Partiendo de un incentivo económico, se asignó una ganancia para distintas tarjetas que las personas debían memorizar. Aquellas que participaron en la investigación recordaron en mayor medida las tarjetas que tenían un alto valor de recompensa al ser memorizadas.
Las neuroimágenes permitieron observar que, cuando esto sucedía, se activaba el área teg-mental ventral, el núcleo accumbens y el hipocampo, y que una mayor activación en estas regiones predecía una mejora notable en el recuerdo.

En definitiva, ya no caben dudas sobre la necesidad de implementar sistemas para que las personas descansen y puedan “reiniciar” su cerebro. Sin duda alguna, las pausas para “un café, los cortes para una caminata, una siesta energética o un espacio para el gym, entre muchas otras alternativas, posibilitan una puesta a punto del sistema neurológico y contribuyen no
solo a un mayor rendimiento, sino también al aumento de los niveles de motivación como
resultado de la activación del sistema de recompensas. 

La percepción de injusticia
En 1982, los economistas Güth, Werner, Schmittberger y Schwarze diseñaron un experimento para estudiar la cooperación y el altruismo en la conducta humana.


El experimento, que se conoce como “el juego del ultimátum”, involucra dos individuos, el A y el B. 

El individuo A decide cómo se repartirá una cantidad de dinero, en este caso $100, por ejemplo, $80 para él y $20 para el individuo B.


Este último es quien decide aceptar o rechazar la propuesta de reparto. Si la acepta, cada uno se lleva la cantidad propuesta, si la rechaza, ambos individuos reciben $0. Si el individuo B tuviera una conducta genuinamente racional y tratara únicamente de maximizar su ganancia, debería aceptar cualquier mínima oferta, puesto que rechazandola estaría perdiendo dinero. 

Sin embargo, se podría pensar que una propuesta de reparto muy desigual podría resultar ofensiva y, por lo tanto, terminar rechazada. De hecho, esto es lo que ocurrió en los experimentos realizados.

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En otros términos, es el impulso que inicia, guía y mantiene el comportamiento hasta alcanzar la meta u objetivo deseado. En el ámbito de las neurociencias, se analiza el conjunto de procesos cerebrales (cognitivos y emocionales) que determinan, en una situación dada, con qué fuerza actúa una persona y en qué dirección encauza su energía. 

En el presente artículo analizaremos el alcance de esta visión interdisciplinaria y analizaremos los factores que, al influir significativamente en la motivación de las personas, determinan su comportamiento en las organizaciones.

Factores que influyen en la motivación

  1. Las expectativas de recompensa El sistema de recompensas del cerebro es un circuito “dopaminérgico”, responsable de generar estados de bienestar. Estos estados se almacenan en distintos sistemas de memoria e influyen en la motivación.
    Si bien a veces recordamos cuáles son las experiencias que nos llevan a actuar con mucha
    energía en un ámbito laboral (por ejemplo, el reconocimiento, las expectativas de ascenso), lo cierto es que la mayor parte de los procesos relacionados con este sistema se llevan a cabo en forma metaconciente
  2. Un estudio reciente, utilizando fMRI1, corroboró esta afirmación: las personas aumentaban suesfuerzo si sabían que obtendrían un beneficio, incluso a nivel no consciente. Al analizar una zona del cerebro, el pallidum ventral (relacionada con la motivación y la recompensa), se descubrió que se activaba ante esta posibilidad enviando mensajes a las regiones motoras.

En síntesis: Las neurociencias modernas han corroborado que el cerebro humano es capaz de transformar las expectativas de recompensa en un mayor compromiso laboral, incluso en el nivel no consciente. 

Ahora bien ¿qué ocurre cuando las expectativas no son favorables, por ejemplo, cuando un empleado se encuentra ante una situación de posible pérdida de dinero o cuando escucha “rumores” de reestructuración? 

Recientemente, una investigación demostró que en estos casos el cerebro reacciona de la misma forma que cuando percibe un riesgo inminente de sufrir un daño físico: la conducta es defensiva e inmediata.


Tal como imaginarás, hay una gran cantidad de investigaciones que corroboran estas afirmaciones. Nuestro objetivo, en el presente trabajo, es seleccionar sólo algunas con el fin de que quienes tienen a la conducción de equipos de trabajo tengan en claro que la aplicación de las neurociencias al estudio de la motivación es de enorme relevancia.

Afortunadamente, el gran dinamismo que se observa en el esfuerzo por conocer las estructuras cerebrales que intervienen en la predicción de la recompensa posibilita desarrollar estrategias de activación del sistema motivacional que guíen la conducta hacia un mayor rendimiento.


En síntesis:

∙ En las organizaciones, las personas tienden a adaptar su conducta con
relación a una expectativa de recompensa.


∙ Las neurociencias modernas permiten analizar cómo funcionan estos
mecanismos a nivel cerebral.

∙ Las expectativas de recompensa activan neurocircuitos relacionados
con la motivación, aunque no seamos concientes de ello.

  1. La fatiga mental La fatiga es el efecto que experimenta toda persona que realiza una actividad cognitiva durante un tiempo prolongado, mayor a una hora y media, sin descanso (Loris, M. et al 2005).

A nivel cerebral, la fatiga disminuye la actividad del cíngulo anterior, con lo cual se altera negativamente la focalización en la tarea, el rendimiento, la iniciativa, el impulso para la toma de decisiones y la motivación, favoreciendo la distracción y disminuyendo los niveles de dopamina en el cerebro (Boksem, M. et al 2005).

Dado que el cíngulo anterior también está implicado en otras funciones importantes, entre ellas, atención focalizada-dividida, modulación del procesamiento cognitivo y emocional, intencionalidad, pensamientos optimistas, iniciación de acciones, actividad exploratoria y monitoreo de errores, no hay dudas de que es necesario implementar procesos que minimicen el riesgo de fatiga laboral.

Uno de los efectos más dañinos de la fatiga está relacionado con la atención y la consolidación de la memoria. Esto fue confirmado por un estudio que examinó el mecanismo de recompensa con relación a la motivación y sus efectos en la consolidación de la memoria.

Partiendo de un incentivo económico, se asignó una ganancia para distintas tarjetas que las personas debían memorizar. Aquellas que participaron en la investigación recordaron en mayor medida las tarjetas que tenían un alto valor de recompensa al ser memorizadas.
Las neuroimágenes permitieron observar que, cuando esto sucedía, se activaba el área teg-mental ventral, el núcleo accumbens y el hipocampo, y que una mayor activación en estas regiones predecía una mejora notable en el recuerdo.

En definitiva, ya no caben dudas sobre la necesidad de implementar sistemas para que las personas descansen y puedan “reiniciar” su cerebro. Sin duda alguna, las pausas para “un café, los cortes para una caminata, una siesta energética o un espacio para el gym, entre muchas otras alternativas, posibilitan una puesta a punto del sistema neurológico y contribuyen no
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La percepción de injusticia
En 1982, los economistas Güth, Werner, Schmittberger y Schwarze diseñaron un experimento para estudiar la cooperación y el altruismo en la conducta humana.


El experimento, que se conoce como “el juego del ultimátum”, involucra dos individuos, el A y el B. 

El individuo A decide cómo se repartirá una cantidad de dinero, en este caso $100, por ejemplo, $80 para él y $20 para el individuo B.


Este último es quien decide aceptar o rechazar la propuesta de reparto. Si la acepta, cada uno se lleva la cantidad propuesta, si la rechaza, ambos individuos reciben $0. Si el individuo B tuviera una conducta genuinamente racional y tratara únicamente de maximizar su ganancia, debería aceptar cualquier mínima oferta, puesto que rechazandola estaría perdiendo dinero. 

Sin embargo, se podría pensar que una propuesta de reparto muy desigual podría resultar ofensiva y, por lo tanto, terminar rechazada. De hecho, esto es lo que ocurrió en los experimentos realizados.

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El Síndrome de Boreout: los peligros de un cerebro aburrido

El Síndrome de Boreout: los peligros de un cerebro aburrido

Análogamente a lo que acontece con la relación cerebro-mente, en la que el primero actúa como soporte biológico de la segunda, interactúan constantemente entre sí y son inseparables, existe una estrecha relación entre el liderazgo y la motivación.

Nadie puede ser considerado un líder si no cuenta con la capacidad para estimular a los miembros de su equipo para que sientan que el vínculo con su trabajo y su empresa forman parte de su capital personal más valioso.

Un líder debe detectar cualquier foco en el que exista desmotivación y actuar inmediatamente, averiguando las causas y resolviendo los problemas que ello genera antes de que sea demasiado tarde.

Lamentablemente, son demasiadas las investigaciones que confirman que muchas personas están profundamente desganadas, lo cual acarrea serios problemas para las organizaciones, dado que este fenómeno (al que me referiré íntegramente en este artículo) afecta en forma negativa la productividad y la capacidad creativa, que son los pilares fundamentales sobre los que se asienta el capital humano de toda organización.

El síndrome de Boreout

Una de las consecuencias más nefastas de la ausencia de motivación es el síndrome de Boreout, que puede conceptualizarse sencillamente como “aburrimiento en el trabajo” y que, acertadamente, Nuri Bendersky lo definió como “el síndrome que devora neuronas”.

Cuando se revisan las estadísticas, los resultados en el ámbito privado llaman la atención dado que oscilan entre el 10 y el 20%, no así en el sector Público de algunos países, donde la baja exigencia hace que sean ostensiblemente mayores.  

Las consecuencias de este problema son tan dañinas para la organización como para el individuo, dado que un cerebro aburrido es un cerebro más lento, menos atento, menos inteligente, más disperso, menos creativo, un cerebro que va contra su propia naturaleza.

Para comprender esto es suficiente con observar el comportamiento de los niños: buscan constantemente la diversidad, son curiosos y necesitan cambiar de espacios, de lugares y de juegos.

A nivel cerebral, el aburrimiento disminuye actividad de las neuronas dado que éstas se acostumbran a hacer siempre lo mismo. 

En los espacios laborales caracterizados por estilos formales de liderazgo, que encorsetan la libertad de pensamiento y la iniciativa propia, el Síndrome de Boureou se observa con mucha frecuencia. Las alarmas recién comienzan a sonar cuando la organización se estanca, bajan las ventas y  los índices de productividad, es decir, cuando ya es demasiado tarde.

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Nadie puede ser considerado un líder si no cuenta con la capacidad para estimular a los miembros de su equipo para que sientan que el vínculo con su trabajo y su empresa forman parte de su capital personal más valioso.

Un líder debe detectar cualquier foco en el que exista desmotivación y actuar inmediatamente, averiguando las causas y resolviendo los problemas que ello genera antes de que sea demasiado tarde.

Lamentablemente, son demasiadas las investigaciones que confirman que muchas personas están profundamente desganadas, lo cual acarrea serios problemas para las organizaciones, dado que este fenómeno (al que me referiré íntegramente en este artículo) afecta en forma negativa la productividad y la capacidad creativa, que son los pilares fundamentales sobre los que se asienta el capital humano de toda organización.

El síndrome de Boreout

Una de las consecuencias más nefastas de la ausencia de motivación es el síndrome de Boreout, que puede conceptualizarse sencillamente como “aburrimiento en el trabajo” y que, acertadamente, Nuri Bendersky lo definió como “el síndrome que devora neuronas”.

Cuando se revisan las estadísticas, los resultados en el ámbito privado llaman la atención dado que oscilan entre el 10 y el 20%, no así en el sector Público de algunos países, donde la baja exigencia hace que sean ostensiblemente mayores.  

Las consecuencias de este problema son tan dañinas para la organización como para el individuo, dado que un cerebro aburrido es un cerebro más lento, menos atento, menos inteligente, más disperso, menos creativo, un cerebro que va contra su propia naturaleza.

Para comprender esto es suficiente con observar el comportamiento de los niños: buscan constantemente la diversidad, son curiosos y necesitan cambiar de espacios, de lugares y de juegos.

A nivel cerebral, el aburrimiento disminuye actividad de las neuronas dado que éstas se acostumbran a hacer siempre lo mismo. 

En los espacios laborales caracterizados por estilos formales de liderazgo, que encorsetan la libertad de pensamiento y la iniciativa propia, el Síndrome de Boureou se observa con mucha frecuencia. Las alarmas recién comienzan a sonar cuando la organización se estanca, bajan las ventas y  los índices de productividad, es decir, cuando ya es demasiado tarde.

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